GUÍA DE COMPRA
Lo importante, explicado sin complicarlo
Comprar un buen queso es el primer paso. Conservarlo bien permite disfrutar de sus cualidades hasta la última porción. El frío, el envoltorio y una manipulación cuidadosa ayudan a proteger su sabor y su textura.
Frío estable y atención a la etiqueta. Mantén la nevera entre 0 y 5 °C y respeta siempre la temperatura indicada por el fabricante. Evita guardar el queso en la puerta, donde la temperatura fluctúa más.
Cada queso necesita su protección. Los frescos y cremosos deben conservarse en su envase bien cerrado, siguiendo las instrucciones tras abrirlo. Si vienen en líquido de conservación, respeta las indicaciones del producto.
En los semicurados, curados y añejos, protege la cara cortada con papel para queso o papel de horno y guarda la pieza en un recipiente limpio con tapa. Cambia el papel cuando se humedezca. Los azules y los quesos de corteza madurada conviene guardarlos por separado para reducir el intercambio de olores y el contacto entre variedades.
El vacío no sustituye al frío. Mantén el envase cerrado hasta que lo necesites. Después de abrirlo, sigue las pautas correspondientes al tipo de queso y las instrucciones de su etiqueta.
Corta solo lo que vayas a comer. Utiliza manos, cuchillo y tabla limpios. Para degustar un queso madurado, puedes atemperar únicamente la porción que vas a servir y devolver el resto pronto a la nevera.
¿Congelarlo? Puede modificar su textura. Si el fabricante lo permite, hazlo en porciones bien protegidas y descongélalas en la nevera.
No existe un plazo único de conservación para todos los quesos. Comprueba las fechas y las instrucciones tras abrir el envase, y distingue el moho propio de algunas variedades del que aparece de forma inesperada.
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